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martes, 28 de septiembre de 2010

Hora punta en el metro: 10 canciones para escuchar bajo tierra

Para aquellos que a diario debemos montarnos en un vagón, a menudo atestado de gente con caras largas y esquivando miradas, no parece haber a priori nada romántico en este medio de transporte. Sin embargo, el metro o el tren han inspirado muchísimas canciones, que han encontrado en éstos el lugar perfecto para hablar de deshumanizadas mareas de gente yendo a trabajar, de viajes como escapada física pero también psicológica, o de encuentros y desencuentros a pie de andén. Subid el volumen y sonreíd, porque ir en el metro puede ser muy agradable si escucháis la lista que proponemos, aunque sea a las siete de la mañana, de pie y junto a un individuo poco aseado.

10. THE JAM Down in the tube station at midnight
Incluida en su discazo All mod cons (1979), la canción cuenta con todo detalle la historia de un hombre que es atracado en el metro de Londres, probablemente muere, le roban las llaves y ahora teme que vayan a por su mujer. Además, la manera nerviosa y vigorosa de componer de Paul Weller en esta época hace del tema un auténtico clásico.


9. RIALTO Girl on a train
Una chica pasa en un tren. Probablemente no la volveremos a ver. ¿Se habrá fijado ella también en nosotros? De una postal tan cotidiana el grupo de britpop elegante y épico Rialto saca esta notable canción, aquí más electrónicos que en su excelente (y más orquestal) disco de debut, que incluía la maravillosa Monday morning 5:19.


8. LOVE OF LESBIAN Club de fans de John Boy
“Todos los raros fuimos al concierto del gran telépata de Dublín, media hora antes invadimos el metro…” No podía faltar en una lista de canciones sobre el metro este hit indie de uno de los mejores grupos del pop español. Una gran canción sobre lo instantáneo (y a menudo absurdo) de la fama y los ídolos, y el primero de la fantástica serie de videoclips que Lyona hizo para su definitivo álbum 1999.


7. BLOC PARTY I still remember
No parece un metro, sino más bien un tren de cercanías londinense, el lugar desde donde Kele evoca una gran noche que pasó con alguien pero que se quedó sólo en eso. Una de las canciones más redondas y emotivas del grupo y es que, ¿a quién no le ha pasado esto alguna vez?


6. THE KINKS Waterloo sunset
Nadie ha retratado a la gente de Londres como Ray Davies. El Támesis está lleno de suciedad y las personas revolotean como moscas a la entrada del metro, pero ver el atardecer por la ventana en Waterloo, tío, ¡eso es el paraíso! Y es que “Waterloo sunset’s fine”.


5. TOM WAITS Downtown train
Casi cuatro minutos de pura emoción en los que el cantante sueña con ver a su chica en uno de esos trenes “llenos de chicas de Brooklyn que luchan por escapar de su mundo”. Los sueños de Waits, como a menudo sucede, son en vano, y “se desvanecen como la lluvia”. Una preciosidad de canción de la que Los Hermanos Dalton hicieron una versión más que decente.

4. DUFFY Warwick avenue
El metro también es lugar de encuentros y desencuentros, por supuesto. En este videoclip (y hermosa canción), la rubia galesa se dirige a la estación de Warwick Avenue en Londres para dejarlo con su novio, después de que éste le haya fallado. Y es que no hace falta ir de chunga como Amy Winehouse para resultar creíble.

3. HEFNER We love the city
Darren Hayman, modesto, dice que “esto es poesía de sexto grado”, pero es mucho más. Después de preguntarse por qué el metro no funciona toda la noche, se desata con esta enorme declaración de amor (y odio) a Londres y a su chica. Una maravillosa canción para todos los que (fisiológicamente) no podemos ser crueles e hirientes.


2. MAMÁ Hora punta en el metro
Hubo unos años en que la radio española estaba llena de canciones como ésta. Claras, concisas, pop. Canciones que hablaban de noches con amigotes, chicas y antiguas novias que nos cruzamos, por ejemplo, en el metro, y nos reconocen (o tal vez no). José María Granados fue el gran maestro (maldito) de este pop pluscuamperfecto.

1. THE JAM Going underground
Curiosamente el primer número 1 de la banda (en 1980) nunca fue editado en ningún álbum, y contenía más contenido político del aceptable por los poderes públicos británicos en tiempos tan turbulentos (con críticas a la política nuclear o fiscal del Gobierno, por ejemplo). En cualquier caso, un auténtico himno, y una de las canciones favoritas de un servidor para prepararse para un buen sábado por la noche.

Miguel Díaz Guerrero

lunes, 13 de septiembre de 2010

EELS: “Tomorrow morning”

Los detractores de la música pop suelen atacarla por comercial, blandengue o extremadamente sencilla (¿de verdad han escuchado discos como Smile de Brian Wilson, u otras simbiosis perfectas de pop y música sinfónica?). En el caso de Eels estas simplificaciones caen por su propio peso, y es que la música de E. (sobrenombre de Mark Oliver Everett) siempre se ha caracterizado por las ricas texturas sonoras y la experimentación. De hecho, para el (otra vez) barbudo músico, grabar canciones pop ha sido la única manera de hacer soportable una vida marcada por la muerte y el infortunio, como relata en su excelente libro “Cosas que los nietos deberían saber”. Del mismo modo que este libro esconde, detrás de tanta tragedia, un espíritu indudablemente optimista y de superación personal, hay algo en sus canciones, a menudo de tono triste y confesional, que inyecta un increíble buen rollo y alegría de vivir.
Tomorrow morning es el tercer álbum en sólo año y medio de Eels, y según palabras del músico habla acerca de la redención, después de haber diseccionado el deseo en el magnífico “Hombre lobo” y la ruptura en el muy acústico y triste End times.

Es un disco variado estilísticamente, que incluye dos piezas instrumentales, pop con órgano y voz marca de la casa, cajas de ritmo (Baby loves me y This is where it gets good) o el góspel de Looking up, canción con la que inevitablemente se nos van los pies y nos ponemos a rockanrolear. Lo mejor del disco viene sin duda a la mitad, en todo el meollo, sobre todo con la confesional y preciosa What I have to offer. Y es que lo que se le da mejor a E. son estos temas lentos, desnudos, en los que parece decir “ha sido jodido, pero finalmente he llegado hasta aquí”.
Se trata, por tanto, de un disco positivo en cuanto a letras, E. está enamorado y feliz. Aunque quizá los no iniciados encuentren más accesible musicalmente al E. travestido de licántropo de "Hombre lobo”, donde firma los mejores temas de su carrera, alternando rock & roll borracho de blues con pop. Además, hay dos buenas razones para escuchar el disco. Estoy hablando de That look you give that guy, preciosa confesión de amor despechado en la que el cantante sueña con que ella llama a su puerta y le mira igual que a su novio, y Beginner’s luck, probablemente la mejor canción para ligar jamás escrita (“Ahora me has encontrado y sólo tienes que ver/ lo complementarios que podemos llegar a ser”). Lo dicho. ¡A escucharle! ¡Y a leerle!
Miguel Díaz Herrero

EELS - Spectacular Girl

viernes, 3 de septiembre de 2010

Supersubmarina - "Electroviral"

Supersubmarina tiene dos cosas susceptibles de despertar las iras de los envidiosos: un contrato con Sony y una gran habilidad para escribir hits indies de la que carecen muchos colegas de escena.
Calificar como generacional el primer álbum de los jienenses (de Baeza) puede sonar a tópico si recordamos su canción Xxi, que cada tarde alentaba a nuestra selección durante el Mundial de Fútbol en cierto programa de radio. Pero sus letras (con algunos clichés, eso sí, como en el caso de Cientocero) explican muy bien por qué han conectado tanto con el público veinteañero. Ana, una de las mejores canciones del disco, describe a golpe de buen rock en castellano la resaca que sucede a los excesos, Niebla retrata el sentimiento de pérdida y las relaciones truncadas, mientras que la bonita Supersubmarina habla, con sutileza y poesía, de los efectos del enamoramiento.
La primera parte del álbum es, en definitiva, una sucesión de singles que se abre con la electrizante (y valga aquí la redundancia) Eléctrico, que inevitablemente nos pone a Muse en la boca, y es que hay que destacar la robusta base rítmica del grupo. Todo ello hasta llegar a ese evocador encuentro junto a La Alhambra y las estrellas que es In Granada, sin duda la canción más sentida del pack (¿la mejor?). Después, la versión de Chas! Y aparezco a tu lado, a pesar de estar bien ejecutada, resulta casi anecdótica y nos prepara para el pequeño bajón que sufre el disco en su segunda parte.
A pesar de todo, el grupo tiene todos los argumentos para no parar de subir en los próximos meses. Canciones pegadizas y muy potentes instrumentalmente, que nos recuerdan a grupos indies de cabecera (aunque los intransigentes a esto lo llamen plagio), un arrollador directo (en el Sonorama arrasaron) y un boca-oreja que está funcionando realmente bien. Y nosotros que nos alegramos.
Miguel Díaz Herrero
Supersubmarina - XXI


viernes, 27 de agosto de 2010

Interpol - "Interpol"

Hay críticos que no saben escribir sin poner etiquetas. Es fácil, barato, y simplifica el trabajo bastante. Para muchos de ellos, Interpol son poco más que una banda tributo a Joy Division: voz trémula, sonido oscuro, capas superpuestas de sintetizador, batería y voces, sección rítmica consistente… Sin embargo, no se puede negar que los de Nueva York tienen hoy por hoy un sonido propio y reconocible y una voz, la de Paul Banks, perfecta para transmitir el romanticismo desesperado que brota de sus canciones.
En su nuevo álbum parecen recuperar el sonido oscuro de Turn on the bright lights, aunque insistiendo en los medios tiempos de Our love to admire. El problema es que en el disco anterior, cuando a la mitad una canción se complicaba en exceso, pronto venían al rescate unos bonitos arreglos de cuerda, como ocurría con la mandolina de Pioneer to the falls.
A lo largo de estos diez nuevos temas esperamos que la gran capacidad de Banks para reflejar tonos y sentimientos nos sorprenda, pero las canciones acaban enredándose, ahogándose en las excesivas capas de instrumentos.
Las letras siguen siendo ambiguas aunque con momentos bonitos, como en Summer well, cuando el cantante le ruega a su amante que se quede con él. Pero el único hit que hay aquí es precisamente el primer single, Barricade. Se trata de la única canción que empieza diferente, con una acertada batería (además del eco de piano de Try it on), mientras que en el resto del disco el guitarrista Daniel Kessler parece buscar en exceso los sonidos discordantes y sostenidos. Quizá echamos en falta también mayor presencia del bajista Carlos DeNegler, que ha dejado el grupo después de grabar el álbum.
En definitiva, aunque parezca todo un tratado de estilo del grupo (por eso quizá el titularlo de manera homónima) y como tal puede escucharse, faltan en Interpol temas memorables. Los indie kids tendrán que volver a bajar Antics de la estantería si quieren bailar.

Miguel Díaz Herrero


Interpol - The Lights